noviembre 28, 2020

entrenamiento en garajes y terrazas, deberes, juegos con los hijos y fútbol retro

Rubén CañizaresRubén Cañizares


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Las redes sociales son desde hace tres semanas las cámaras y micrófonos de jugadores, entrenadores y dirigentes de nuestro fútbol, todos ellos confinados en sus domicilios como cualquier otro ciudadano de este país, pero ¿dónde están y qué hacen los árbitros? De ellos poco o nada se sabe, pero siguen ahí, formándose y entrenándose día tras día. Sembrando para recoger en verano, cuando se espera que el balón vuelva a rodar. Y pasándolo mal, claro, como cualquiera porque ven a su querida España sufrir y perder a cientos de ciudadanos día tras día.

«Se lo digo siempre a mi familia. Si esos 800-900 muertos diarios los pusiéramos en fila en nuestra calle, la ocuparíamos al completo y nos faltaría. No debemos de perder la dimensión de lo que significa esa cifra, porque los números muchas veces son fríos. Vivimos una tragedia cada 24 horas», explica Carlos del Cerro Grande, seguramente el mejor árbitro español junto a Mateu Lahoz.

Sufrimiento

«Cuando cada mañana a las 11.30 horas recibimos las alertas en el móvil de contagiados y fallecidos, me acuerdo de toda la gente que lo está pasando tan mal y de los que se están desviviendo por ellos. Tengo amigos enfermeros y bomberos y es duro lo que me cuentan. Intento gestionar tanto sufrimiento sin miedo ni alarmismo, pensando que pronto vendrán tiempos mejores», reflexiona José Luis Munuera Montero, otro de los colegiados de élite de nuestro fútbol.

Madrileño y jienense hablan en exclusiva con ABC sobre cómo los árbitros están trabajando durante este confinamiento: «Yo he sacado el coche de mi garaje y he montado un pequeño gimnasio. Y una cinta de correr que no usaba mucho ahora me saca las castañas del fuego para mantener la capacidad aeróbica», detalla Del Cerro, que se entrena cada mañana tras desayunar y ver en familia las noticias. «Yo lo hago en una terracita que tengo en casa y eso es hoy una liberación mental. Pedí material para hacer TRX, core, cardio y cada mañana, en ayunas, hago mi trabajo físico, asesorado por el preparador que tenemos en el Comité», cuenta Munuera Montero.

Por la tarde, llegan los deberes de Velasco Carballo y de Rosetti: «Videotest con distinta temática (manos, fueras de juego, VAR…), test propios de las reglas de juego, videoconferencias, revisamos material de los últimos seminarios para refrescar directrices… El trabajo de formación es muy completo», esgrimen ambos colegiados.

Del Cerro Grande vive en Madrid, junto a su mujer y sus dos hijos, el mayor de 15 años y el pequeño de 18 meses. Hace apenas tres semanas cumplió 44 años y reconoce que la celebración fue diferente a la habitual, acorde a este duro momento que vivimos y que pasamos con la familia, algo no muy habitual en un árbitro: «Mi hijo pequeño está encantado de poder disfrutar y jugar tanto tiempo con su padre. El mayor igual. Por la tarde le ayudo con los deberes y después de cenar vemos partidos de otra época. Esta semana, el histórico Real Madrid-Inter de la UEFA de 1986, que pitó el holandés Keizer, y el Valencia-Atletico de la final de Copa de 1999, que dirigió Díaz Vega. Son bonitos momentos que comparto con mi hijo y de los que disfruto y aprendo con los arbitrajes. Me fijo en la personalidad, en su posicionamiento, en sus decisiones… Es bonito ver cómo ha evolucionado el fútbol, pero también el modo de pitar».

Partidos vintage, ahora en boga en los canales deportivos, es el ocio de estos días del colegiado madrileño, junto a «La casa de papel», serie de éxito mundial que estrenó este pasado viernes la cuarta temporada y que Del Cerro Grande y su familia pueden devorar en apenas dos días. Tiempo libre que no le quita foco a lo importante : «Ojalá acabe esto pronto. Como policía en excedencia solo puedo manifestar mi orgullo por todos mis compañeros, y por todos los implicados en luchar contra esta pandemia. Su trabajo es muy valioso y no siempre se ha tenido esa percepción».

Libros, familia y solidaridad

Munuera Montero también es seguidor de «La casa de papel», y también disfruta de partidos de épocas pasadas, como la épica final de Champions entre Milán y Liverpool de Estambul, en 2005, pitada por Mejuto González, pero su mayor distracción es la lectura: «»Poldark» es otra serie que me tiene enganchado y, además, estoy con dos libros. «El hombre en busca de sentido», de Viktor Frankl, y «Cómo hacer que te pasen cosas buenas», de Marian Rojas, muy recomendable en estas fechas en las que toca meditar, reflexionar, recapacitar y reinventarse».

Munuera Montero, en el despacho de su casa
Munuera Montero, en el despacho de su casa

Creyente y cabezón, como buen tauro, vive en Córdoba junto a su mujer y Lola, su hija de tres meses. En la ciudad califal dirigía el departamento de Grandes Cuentas del grupo Alter, laboratorio farmacéutico, hasta que hace tres años pidió una excedencia, justo cuando logró el ascenso a Primera división: «Como comenta Carlos, lo más positivo de este confinamiento es ver crecer a tu hija por horas».

Y es que Munuera es un colegiado muy familiar. Se crió junto a nueve hermanos y sabe lo que es ver pelear y luchar a sus padres cada día para salir adelante. Desde hace varios años, cuando su profesión se lo permite, ayuda junto a su progenitor en comedores sociales de Cáritas: «Compartir y ser solidario son valores que mis padres me inculcaron. Me enorgullece ver cómo a nivel individual y colectivo está respondiendo la sociedad española a una situación tan crítica como la que estamos viviendo».

El colegiado jienense intenta ayudar durante estas semanas tan complicadas con distintas acciones. Una de ellas es entrevistar en su cuenta de Instagram a deportistas anónimos que superaron graves problemas de salud y que hoy pelean por disfrutar de la vida, como el nadador Paco Salinas o el boxeador Nacho, El Calorro: «Hay que poner nuestro granito de arena y contar historias positivas es una idea que suma en estos momentos».

Munuera Montero también dio la semana pasada una charla a jóvenes a través de la Federación Andaluza para contar su historia profesional en el mundo del fútbol: «No se trataba de explicar las reglas de juego, sino de cómo llegué a ser árbitro de Primera, cómo tras cada fracaso personal me levanté y seguí creyendo en mí, como cuando me pasé cinco años en Tercera y no ascendía. A

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