Vivimos en una sociedad que no tolera las agresiones físicas, sin embargo, cuando la víctima es un árbitro, la cosa cambia e incluso en muchos casos tratan de justificarlas. Fruto de ello, podemos observar como una agresión a un árbitro no es noticia salvo si tiene graves consecuencias, olvidando las secuelas psicológicas que deja cualquier agresión.